La leyenda de la Calle Pez


La leyenda de la Calle Pez

La Calle Pez se trata de una de las calles más conocidas del laberíntico barrio de Malasaña. Esta calle vecina (la Calle Pez se encuentra a escasos 7 minutos de la Calle Hortaleza), ya aparecía en los primeros mapas que se tienen de Madrid en el S. XVII, aunque con otro nombre: Calle de la Fuente del Cura.

En otras ocasiones os hemos contando el porqué del cambio de nombre de alguna calle, o qué leyenda cuenta ese nombre, y no vamos a ser menos con esta conocida calle del barrio. Prestad atención:

Según cuenta la leyenda, antiguamente en esta calle existía una enorme finca que tenía un estanque con muchos peces. El dueño de esta finca, Don Juan Coronel, construyó un nuevo inmueble en el mismo sitio, por lo que el estanque de los peces – el lugar preferido Blanca, de la hija de Don Juan –, debido a que los obreros cogían agua de allí para las obras, se fue quedando sin estos animales, ya que los peces fueron muriendo.

Al quedar solamente un único habitante en el estanque, Blanca lo trasladó a una pecera en su casa para cuidarlo, pero el cambio de hábitat hizo que el último superviviente en el estanque de peces, pasara a mejor vida.

Su padre, don Juan, mandó esculpir un pez en la fachada de la nueva casa para consolar a la niña y recordara siempre a su amigo.

A pesar de ello, Blanca Coronel se hizo monja en el convento de San Plácido, viéndose luego implicada en los misteriosos sucesos que ocurrieron en él, entre ellos la leyenda de la posesión diabólica de veinticinco monjas del convento en 1628, entre las que se encontraba, la fundadora Teresa Valle de la Cerda. Tras varios exorcismos escandalosos, la Inquisición dictó la reclusión perpetua en un convento del confesor de la congregación, el benedictino Juan Francisco García Calderón, por supuesta relación con algunas monjas.

La calle cada vez se fue conociendo por “la casa del pez” o “la calle donde hay un pez”, y al final, se optó por bautizar a la calle “La Calle Pez” por lo icónico que se había convertido ese elemento esculpido. Sea real o no la leyenda sobre el nombre, lo cierto es que el pez esculpido existe de verdad, solo hay que alzar la mirada al portal número 24 de esa calle.

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